Creo firmemente que el bullying es un problema social. Un problema que, como madre, terapeuta, formadora y miembro de esta sociedad me preoucupa y, sobretodo, me ocupa. ¿Te ocurre lo mismo? Si es así te invito a que pensemos juntos.

El acoso escolar no es más que la punta del icerberg de un problema social. Cada día vemos notícias sobre violencia de todo tipo (desde conflictos armados a la violencia de género). Estas noticias son un indicativo de una necesidad: hay que trabajar competencias psicosociales y especialmente la empatia –capacidad de ponerse en el lugar del otro-, no solo en los niños, sino también en los adultos. Sabemos que parte de nuestro aprendizaje es sobre modelos, por imitación. Esto no es matemático, quiero decir, si tu lees, no siempre ellos leen.

A mi me pasa con mis hijos. Sin embargo, los datos que se van obteniendo de estudios neurocientíficos nos alientan a no desalentarnos. Tal vez te suenen las llamadas neuronas espejo. Parece ser que estas neuronas  desempeñan una función importante dentro de las capacidades cognitivas ligadas a la vida social, especialmente en la empatía y la imitación. Nos encontramos en un momento de alarma sobre el acoso escolar y el ciberacoso, sin embargo, hay que ir con cuidado. No todos los conflictos pueden ser tildados de bullying, los conflictos, la agresividad, forman parte de nuestra naturaleza y son necesarios para nuestro crecimiento como individuos. El acoso no es un conflicto cualquiera, es una situación donde se dan una serie de circunstancias que generan mucho sufrimiento, a niños, familias, docentes…. Con tantas noticias sobre el tema debemos ser muy cuidadosos y no caer en aquello de “Si tienes un martillo, solo ves clavos”.

Como padres y educadores hay que usar las palabras con cuidado y de forma apropiada y no etiquetar, sin ningún pudor, a cualquier situación conflictiva como “bullying”, no todos los conflictos son de acoso. Por ello es fundamental incorporar nuevas herramientas y aprender con ellas a relacionarnos diferente, poder ofrecer respuestas alternativas a los conflictos que vivimos, y dejar así de ver solo clavos. Eso sí, cuando los clavos aparecen, actuar en consecuencia.

Sé que se te pueden aparecer en este momento muchas preguntas ¿En qué me pudo fijar para saber si mi hijo padece o comete acoso? ¿Cuáles son los síntomas? ¿Qué podemos hacer cuando detectamos una situación de bullying o ciberbullying?¿Dónde puedo acudir? ¿Tienen los colegios protocolos? ¿Cómo puedo aprender habilidades psicoemocionales? ¿Cómo puedo transmitirselas a mis hijos e hijas?... ¿Se te ocurren más? ¿Cuáles son?

Si te aparecen nuevas preguntas las puedes dejar en comentarios, o enviarlas por mail, van a ser leidas y atendidas si son de interés común.

Sigamos indagando.

Primer paso: entender la agresividad.

Todos compartimos la necesidad de sentirnos valiosos. La agresividad no puede convertirse en un tabú. A menudo los niños pequeños no tienen una forma mejor de expresar su ansiedad o la falta de atención. Hace falta enseñar habilidades emocionales que faciliten canales por los que puedan expresar el malestar. Muchos adultos seguimos sin encontrar vías de expresión de nuestras frustraciones, provocando sufrimiento tanto en la persona como en su entorno. Si a muchos adultos les cuesta gestionar su rabia o frustración y acaban gritando o pegando, por ejemplo, ¿le podemos pedir a nuestros hijos e hijas que tengan una conducta diferente? ¿Les estamos enseñando alternativas?

Por otro lado, tendemos a prestar más atención a los niños con conductas agresivas que a los niños “tranquilos” que “no molestan”. Los primeros llamán más nuestra atención, distorsinan el ambiente. Sin embargo, ambos pueden manifesar un problema. No debe confundirse la agresividad con la violencia. Como dice Jesper Juul “la agresividad es mucho más que el enfado, la irritacion y el comunicarse a gritos. Sin agresividad no seriamos capaces de ponernos metas y perseguirlas”. Solo cuando descargamos esa agresividad sobre otra persona o sus pertenencias se convierte en agresividad destructiva. Teniendo este marco de referencia, que no es otro que incluye por un lado los valores de la cultura de la paz y, por otro, los conocimientos que tenemos de educación emocional, desde Educacció, hemos elaborado todo un plan de sensibilización, prevención e intervención en caso necesario. El programa MOLA (acrónimo que significa Moderación Observable de los Límites de la Agresividad).

En resumen, el acoso escolar nos muestra, sobre todo, la importancia de enseñar habilidades socioemocionales para poder construir relaciones adecuadas donde el desarrollo del autoconcepto y la autoestima, así como de las habilidades socioemocionales, son aspectos clave a trabajar. Grandes y pequeños deben trabajar unidos en esta misión, aprendiendo que, si bien la agresividad es inevitable la violencia es injustificable.

Espero tus comentarios y, como siempre, ¡qué la fuerza te acompañe!

Núria Molina

Educadora Emocional y de Valores

Bibliografía:

Juul, Jesper (2015). Agresión. ¿Un nuevo y peligroso tabú?. Barcelona: Herder. p.92.

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